Para mí, Aviñón (Avignone, en italiano) siempre fue uno de esos lugares míticos de los que has escuchado hablar, pero que es difícil imaginar cómo son. Por suerte, hace algunos meses tuve la oportunidad de visitarla, durante un viaje por la Provenza, en el sur de Francia.
La ciudad antigua, que ya existía en época romana, pasó a la historia porque fue sede papal durante el período llamado cautiverio de Aviñón. Sobre este tema escribí también mis reflexiones sobre el cautiverio de Aviñón.
Los Papas que vivieron en la ciudad ampliaron poco a poco el edificio que era sede del obispo, hasta convertirlo en el magnífico Palacio de los Papas que hoy podemos admirar y que en 1995 fue declarado Patrimonio Mundial de la Unesco.

Después de la partida de los Papas, la ciudad continuó formando parte de los Estados de la Iglesia y fue gobernada por un legado papal. Solo con la Revolución Francesa pasó a ser parte de Francia.





Otro de los lugares famosos de la ciudad es el puente de Aviñón (conoce su historia), que nunca fue terminado y que es mundialmente conocido por la canción infantil.

En resumen, Aviñón es una bellísima ciudad que vale la pena visitar.




