La visita al Museo de Éfeso, fue un complemento importante a la visita de la antigua ciudad: allí se conservan muchas de las piezas que ya no pueden verse sobre el terreno y que ayudan a comprender mejor lo que se ha recorrido entre las ruinas. Pero sin duda, poder ver de cerca la Artemisa de Éfeso fue realmente emocionante. Frente a las estatuas de la diosa, con su silueta rígida y su torso cubierto de formas misteriosas, se percibe con claridad por qué esta divinidad convirtió a Éfeso en uno de los grandes centros religiosos del mundo antiguo.

Estatua de la Artemisa de Éfeso en el Museo de Éfeso, Selçuk

El Museo de Éfeso, complemento de la ciudad antigua

El museo se encuentra en el centro de Selçuk, a pocos minutos del yacimiento Arqueológico, y reúne lo que no se puede admirar en las ruinas: las dos famosas estatuas de Artemisa, los frescos desprendidos de las casas en terrazas, monedas, joyas y objetos cotidianos que documentan la vida de Éfeso a lo largo de dos mil años. Muchos de esos hallazgos corresponden a los lugares que describimos en Las Casas en Terrazas de Éfeso. También se conserva allí una sala dedicada a los hallazgos del Artemisión, el gran templo de la diosa, con exvotos y una maqueta que reconstruye su aspecto original.

Sala de Artemisa en el Museo Arqueológico de Éfeso

Una diosa distinta de la Artemisa griega

La Artemisa venerada en Éfeso no era la esbelta diosa cazadora de la mitología griega. Su culto reunía elementos griegos y orientales y la acercaba a las grandes diosas madre de Anatolia, como Cibeles: era una divinidad de la fecundidad, de la prosperidad y de la protección de la ciudad. Sus sacerdotisas recibían el nombre de melissai, «abejas», y la abeja aparece como emblema en las monedas efesias durante siglos. El templo, además, era una institución poderosa: su territorio era inviolable, gozaba del derecho de asilo y funcionaba también como banco.

Vista de la Sala de Artemisa del Museo de Éfeso

La Gran Artemisa y la Bella Artemisa

Las dos estatuas que se exhiben en el museo fueron desenterradas por un equipo de arqueólogos austriacos el 18 de septiembre de 1956, en el Pritaneo de Éfeso, el antiguo ayuntamiento de la ciudad. Son estatuas de culto romanas, realizadas entre los siglos I y II d. C., y se consideran copias de una imagen mucho más antigua, quizá una talla de madera, que presidía el gran templo de la diosa. La llamada Gran Artemisa apareció caída en el patio, probablemente derribada por un terremoto o volcada de forma deliberada en época cristiana.

La Gran Artemisia.
Detalle de la Gran Artemisia.
Detalle de la Gran Artemisia.
Detalle de la Gran Artemisia.

La Bella Artemisa, de unos 175 centímetros de altura, impresiona por su excelente estado de conservación. Animales rodean su cabeza, lleva un collar de perlas y, bajo él, aparecen los signos del zodiaco, símbolo de su poder sobre los cielos. A cada lado de la diosa se disponen ciervos, animales que la acompañan, y las manos extendidas hacia delante completan una figura de aspecto solemne y casi hierático, que combina la rigidez de la escultura arcaica con el detallismo de la talla helenística.

Collage de piezas y estatuas del Museo de Éfeso
Detalles de la Bella Artemisia
La Bella Artemisa de Éfeso expuesta en su nicho del museo
Torso de la Artemisa de Éfeso con sus protuberancias
Detalle de la Gran Artemisa de Éfeso

El enigma de las protuberancias

El rasgo más llamativo de estas esculturas son las hileras de protuberancias ovaladas que cubren el torso de la diosa. Tradicionalmente se interpretaron como senos, en relación con su carácter de diosa madre, pero ninguna de ellas presenta pezón ni areola, y hoy se discute si se trata de pechos, de huevos, de frutos, de gotas de ámbar o de testículos de toro ofrecidos en sacrificio. Los estudiosos todavía no se ponen de acuerdo, y ese misterio contribuye a la fascinación que ejercen las estatuas.

Rostro y collar de la Artemisa de Éfeso
Estatua de Artemisa en el Museo de Éfeso, vista de cerca

El templo de Artemisa, una maravilla del mundo antiguo

La diosa tenía su gran santuario en el Artemisión, a las afueras de Éfeso, considerado una de las siete maravillas del mundo antiguo. El templo arcaico se inició hacia el 550 a. C. con financiación del rey Creso de Lidia y fue uno de los primeros templos griegos construidos enteramente en mármol, con 127 columnas de unos 18 metros de altura. En el año 356 a. C. fue incendiado por Eróstrato, quien declaró haberlo hecho para que su nombre perdurara; según la tradición, el suceso coincidió con el nacimiento de Alejandro Magno.

El templo se reconstruyó con mayor magnitud, pero fue saqueado por los godos a mediados del siglo III d. C. y, con la cristianización de la ciudad, su culto desapareció hacia el año 400, y sus mármoles se reutilizaron en otras construcciones. Hoy el yacimiento, próximo a Selçuk, solo conserva cimientos y una única columna reerigida. Por eso las estatuas del museo tienen un valor tan especial: son el testimonio más cercano que nos queda de la imagen que los efesios veneraban en su santuario, y que la basílica de San Juan y la fortaleza de Selçuk, que ya tratamos en este blog, contemplaron durante siglos desde la colina de Ayasuluk.

La Artemisa de Éfeso, estatua de culto del Museo de Éfeso

Cómo llegar al Museo de Éfeso

Fuentes

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