En nuestra última visita a Avignone visitamos su famoso puente ya que estaba incluido en el billete para visitar el palacio de los papas, pero valió la pena.
El puente de Aviñón, conocido en francés como Pont Saint-Bénézet, es uno de los testimonios más singulares de la ingeniería medieval europea. Levantado sobre el Ródano en el último cuarto del siglo XII, hoy conserva únicamente cuatro de sus arcos originales, que se adentran en el río y se interrumpen bruscamente en mitad de la corriente. Su silueta truncada, unida a una leyenda de origen piadoso y a una célebre canción infantil, lo ha convertido en símbolo de la ciudad y en una de las imágenes más reconocibles de la Provenza.

Origen del puente de Aviñón y leyenda de San Bénézet
Las fuentes sitúan la construcción entre 1177 y 1185, aunque algunas obras la hacen arrancar hacia 1171. La tradición atribuye la iniciativa a Bénézet, un joven pastor procedente de la región del Vivarais que, tras una visión durante la cual una voz le ordenó construir un puente sobre el Ródano, habría acudido a Aviñón para convencer a sus habitantes. El obispo, escéptico al principio, exigió una prueba: el joven levantó de manera prodigiosa un enorme bloque de piedra y lo depositó en el río, prodigio que selló la aceptación del proyecto.
Más allá del relato mitológico, el proyecto obtuvo el respaldo de ricos mecenas que se agruparon en una cofradía llamada la Hermandad del Puente, encargada de financiar y sostener la obra. Bénézet murió hacia 1184, antes de ver concluido el puente, fue sepultado en una capilla situada sobre una de las pilas del puente y fue venerado como patrón de los constructores de puentes.


Una obra estratégica sobre el Ródano
La importancia del puente no fue solo simbólica. Durante mucho tiempo fue el único paso fijo sobre el Ródano entre Lyon y el Mediterráneo, y en la Edad Media el río marcaba además la frontera con el reino de Francia, de modo que la construcción funcionó como puesto fronterizo que permitía controlar el tráfico y cobrar peajes. Su trazado sinuoso y su anchura, de apenas unos cuatro metros, impedían el cruce simultáneo de dos carros, por lo que buena parte de las mercancías seguía transportándose en barca.
La estructura original alcanzaba unos 900 metros de longitud y contaba con 22 arcos, y combinaba piedra y madera, práctica habitual en la ingeniería de la época. El paso constante de mercaderes y peregrinos contribuyó al desarrollo de la ciudad, que en el siglo XIV se convertiría en sede pontificia, tema que tratamos en Avignone, la ciudad de los Papas.


Destrucciones, reconstrucciones y ruina
La historia del puente es también la de su fragilidad. El primer puente, en gran parte de madera, fue destruido en 1226 durante el asedio de Aviñón por Luis VIII de Francia en el marco de la cruzada albigense. Fue reconstruido en piedra, pero las crecidas del Ródano provocaron derrumbes reiterados, y los arcos caídos se sustituyeron en ocasiones por tramos de madera cada vez menos seguros. La gran inundación de 1660 arrasó buena parte de la estructura y, tras ese episodio, se renunció definitivamente a repararla. Con el paso del tiempo los arcos supervivientes se redujeron a los cuatro que se conservan hoy.


Patrimonio y memoria cultural
El conjunto de la capilla y el puente fue declarado monumento histórico en 1840, y en 1995 el puente quedó incluido en la lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO como parte del centro histórico de Aviñón, junto con el Palacio de los Papas y el conjunto episcopal. Al valor arquitectónico se suma su fama popular, debida a la canción infantil Sur le pont d’Avignon, que ha difundido su nombre por todo el mundo. Hoy el puente truncado ofrece una de las mejores vistas del río y de la ciudad amurallada, y es una visita imprescindible para quien recorre la Provenza.







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