Nunca pensé encontrar algo así en Éfeso!!!. Después de recorrer sus inmensas avenidas y porticados, su inmenso teatro y su pequeño odeon, quien podía inmaginar que bajo una gran carpa de plástico y vidrio se escondían las íntimas habitaciones de algunos de sus más ricos ciudadanos.
Subiendo por una ladera escalonada, protegida hoy por una gran cubierta, se entra en un mundo que pocas ciudades antiguas conservan con semejante intimidad: los comedores, patios y dormitorios de las familias más acomodadas de la ciudad romana, con sus mosaicos aún brillantes y sus frescos todavía legibles después de casi dos milenios. Son las llamadas Casas en Terrazas de Éfeso, y constituyen uno de los conjuntos residenciales romanos mejor conservados de todo el Mediterráneo oriental.

De necrópolis helenística a barrio residencial romano
El terreno que hoy ocupan las Casas en Terrazas no siempre tuvo esta función. Durante el período helenístico, entre los siglos VI y IV a.C., el espacio se utilizó como cementerio. Cuando Lisímaco reorganizó la ciudad de Éfeso según el trazado hipodámico —el sistema urbanístico de calles perpendiculares típico de las ciudades jonias—, el área fue nivelada y, hacia el año 200 a.C., se construyeron tres grandes terrazas mediante potentes muros de contención sobre la pendiente del monte Bülbül. Solo con la llegada del dominio romano, a partir del siglo I d.C., estas terrazas se convirtieron en un exclusivo barrio residencial, cuando las antiguas construcciones helenísticas fueron demolidas para dar paso a las nuevas domus.

El conjunto se articula en dos grandes sectores, conocidos convencionalmente como el Complejo Occidental (Terrace House 1) y el Complejo Oriental (Terrace House 2). Este último, excavado de forma sistemática entre las décadas de 1960 y 1980, agrupa siete unidades residenciales distribuidas en unos 4.000 metros cuadrados, ocupadas sin interrupción hasta el siglo VII d.C., cuando la ciudad entró en decadencia tras los terremotos y las incursiones que asolaron la costa egea de Asia Menor.

Arquitectura de la vida privada: patios, pisos y calefacción
Las viviendas seguían un esquema común, heredado de la tradición helenística pero adaptado al gusto y las comodidades romanas. Cada domus se organizaba en torno a un patio peristilo con columnas, que proporcionaba luz y ventilación a las habitaciones circundantes; la mayoría de las estancias carecían de ventanas al exterior y dependían por completo de esta claridad central, por lo que muchos ambientes resultaban intencionadamente penumbrosos. Las casas solían tener dos plantas —la planta baja destinada a las salas de recepción y comedores (triclinia), y la superior a los dormitorios—, aunque de los niveles altos apenas han sobrevivido restos, al haberse derrumbado con el paso de los siglos.

Particularmente notable era el sistema de climatización: siguiendo el mismo principio que el hipocausto de las termas públicas, tuberías de arcilla recorrían el interior de suelos y paredes para distribuir el aire caliente por toda la vivienda.

A ello se sumaba el suministro de agua corriente, fría y caliente, y en algunos casos baños privados con bañeras, un lujo reservado a muy pocas residencias del mundo antiguo. Estos detalles técnicos revelan hasta qué punto las familias más prósperas de Éfeso replicaban en sus hogares el confort que Roma había popularizado en sus grandes balnearios.

Mosaicos, frescos y la vida cotidiana en las paredes
Lo que distingue verdaderamente a las Casas en Terrazas es la riqueza de su decoración. Los suelos del Complejo Occidental conservan la mayor colección de mosaicos romanos de época imperial de todo el oeste de Anatolia: composiciones geométricas en teselas blancas y negras —muy próximas, estilísticamente, a los mosaicos itálicos coetáneos— conviven con escenas figurativas de gran calidad, como representaciones de Tritón, las Nereidas, Dioniso o Medusa.

En las paredes, los frescos alcanzan una sofisticación semejante: retratos, escenas mitológicas con figuras como Heracles o las nueve Musas, y decoraciones de imitación marmórea cubrían las estancias principales. Pero el testimonio más singular de la vida cotidiana no procede de los grandes programas decorativos, sino de los grafitis que los propios habitantes dejaron sobre los muros: caricaturas, gladiadores, animales, nombres, versos de amor y, especialmente interesante para los historiadores, listas con los precios de productos de consumo diario —cebollas, comino, la entrada a las termas—, un pequeño archivo involuntario de la economía doméstica efesia.


Historia de la excavación y estado actual
Las primeras campañas sistemáticas en las Casas en Terrazas comenzaron en 1960, bajo la dirección del Instituto Arqueológico Austríaco, y se intensificaron a partir de 1967, cuando afloraron los niveles de mayor riqueza decorativa. Los trabajos de excavación, restauración y consolidación continúan en la actualidad. En 1999 se construyó una gran cubierta protectora sobre el Complejo Oriental para preservar del deterioro ambiental los frágiles mosaicos y frescos, una estructura que hoy permite a los visitantes recorrer pasarelas elevadas sobre las viviendas excavadas.


A diferencia del resto del yacimiento de Éfeso, el acceso a las Casas en Terrazas requiere una entrada adicional, justificada por el coste de mantenimiento de la cubierta y las pasarelas. El esfuerzo merece la pena: pocos lugares del mundo romano permiten observar con tanto detalle cómo vivía, comía y decoraba su intimidad la élite provincial del Imperio.




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