Después de visitar la iglesia de los concilios de Éfeso, seguimos caminando por el sitio arqueológico y llegamos a una de las avenidas más impresionantes de la Antigüedad: la calle Arcadiana.

Caminando hacia el centro de Éfeso.

Entre los muchos monumentos extraordinarios de Éfeso, situada en la actual Turquía, pocos transmiten tan claramente la grandeza de la ciudad como la calle Arcadiana, también conocida como calle del Puerto.

Esta amplia avenida monumental conectaba el antiguo puerto con el Gran Teatro y constituía la principal puerta de entrada para comerciantes, viajeros, funcionarios imperiales y visitantes que llegaban por mar a una de las ciudades más importantes del Mediterráneo oriental.

Diseño de la antigua Éfeso que encontré visitando el sitio. En amarillo la calle Arcadiana.
La calle Arcadiana mirando hacia el puerto.
La calle Arcadiana mirando hacia el teatro.

Su nombre actual procede del emperador romano de Oriente Arcadio, que gobernó entre los años 395 y 408 d. C. Aunque la vía ya existía desde mucho antes, fue reconstruida y remodelada durante su reinado tras una serie de terremotos, motivo por el cual acabó recibiendo su nombre. Las evidencias arqueológicas indican que sus orígenes se remontan al período helenístico y que la calle ya desempeñaba un papel fundamental en la vida de la ciudad siglos antes de Arcadio.

La Arcadiana era una auténtica avenida ceremonial. Con una longitud superior a los 500 metros y una anchura aproximada de 11 metros, unía el puerto con el corazón urbano de Éfeso, el Gran Teatro. A ambos lados se extendían amplias galerías porticadas destinadas a los peatones, que protegidos del sol podían recorrer las numerosas tiendas y espacios comerciales que se alineaban paralelos a la calle.

El antiguo puerto quedaba un poco más alla de los árboles.

La primera impresión que recibían quienes desembarcaban en Éfeso era precisamente esta avenida. La ciudad la concibió como una exhibición de riqueza y prestigio. Los viajeros avanzaban entre columnas, arcos monumentales, esculturas y edificios cuidadosamente diseñados para transmitir la importancia de la metrópolis. En ambos extremos existían grandes puertas monumentales con forma de arco triunfal que reforzaban el carácter ceremonial de la vía.

Uno de los aspectos más sorprendentes de la calle Arcadiana era su avanzado nivel de desarrollo urbano. Bajo las losas de mármol existía un sistema de drenaje y de alcantarillado que ayudaba a mantener la avenida limpia y en buen estado. Además, las excavaciones han revelado que podía ser iluminada durante la noche mediante un sistema de lámparas. Alrededor de cincuenta lámparas alumbraban la calle después del anochecer, un lujo extraordinario para la época y una muestra de la prosperidad de Éfeso.

Algunas de las alcantarillas que recibían el agua de las lluvias.

Con el avance del cristianismo, la avenida también reflejó la nueva identidad religiosa de la ciudad. En la parte central fueron instaladas columnas que probablemente sostenían esculturas relacionadas con los Cuatro Evangelistas. Los restos conservados muestran símbolos cristianos y recuerdan cómo Éfeso pasó de ser un gran centro del mundo grecorromano a convertirse en una de las ciudades más importantes del cristianismo primitivo.

Un diseño de un antiguo juego en una de las losas de la calle Arcadiana.

Hoy, aunque el mar se encuentra a varios kilómetros debido a los cambios geográficos y a la acumulación de sedimentos que acabaron alejando la costa de la antigua ciudad, recorrer la calle Arcadiana permite imaginar la llegada de viajeros procedentes de todos los rincones del Mediterráneo. Por esta avenida caminaron gobernadores romanos, comerciantes orientales, peregrinos cristianos y personajes ilustres que hicieron de Éfeso una de las metrópolis más cosmopolitas de la Antigüedad.

Ubicación de la calle Arcadiana en el sitio arqueológico de Éfeso, Selçuk, Turquía.

Fuentes

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