Mientras Venecia libraba su propia guerra naval contra el Imperio otomano en el Egeo, en las montañas de Albania un antiguo oficial otomano se convertía en el mayor dolor de cabeza del sultán en los Balcanes. Jorge Castriota, conocido por su apodo turco como Scanderbeg, resistió durante casi un cuarto de siglo al avance otomano, apoyado en buena parte por las bases venecianas del Adriático.

De rehén del sultán a líder de la rebelión

Nacido en 1405, hijo de un pequeño príncipe albanés, Castriota había sido entregado de joven a la corte otomana, donde se educó y sirvió como oficial. En noviembre de 1443, durante una campaña otomana en los Balcanes, desertó y regresó a Albania. Se apoderó de la fortaleza de Krujë, abjuró públicamente del islam y proclamó la independencia frente al sultán Murad II.

Grabado de Skanderbeg, basado en una miniatura medieval (c. 1508) Fuente.

La Liga de Lezhë y la alianza con Venecia

El 2 de marzo de 1444, Scanderbeg reunió a los principales señores albaneses y a un noble serbio en la ciudad de Lezhë, entonces bajo control veneciano, y fundó la Liga de Lezhë, una alianza militar contra el Imperio otomano. La elección de Scanderbeg como jefe de la coalición fue respaldada por Venecia, interesada en proteger sus propias plazas del Adriático frente al avance turco. Apenas unos meses después, en junio de 1444, la liga logró su primera gran victoria en la batalla de Torvioll, frente a un ejército otomano de más de 25.000 hombres.

La alianza con Venecia no estuvo, sin embargo, exenta de tensiones: entre 1447 y 1448 ambas partes llegaron incluso a enfrentarse brevemente por disputas territoriales en la región, antes de volver a unirse frente al enemigo común otomano.

Una guerra de guerrillas en las montañas

Scanderbeg aprovechó lo aprendido en las escuelas militares otomanas para construir fortalezas en puntos estratégicos y organizar una defensa móvil que dispersaba a los ejércitos invasores, mucho más numerosos, y los exponía a ataques relámpago en terreno montañoso que los albaneses conocían muy bien. Con esta táctica resistió tres grandes asedios otomanos a su bastión de Krujë: el primero en 1450, dirigido por el propio Murad II, y otros dos ya bajo el mandato de Mehmed II, en 1466 y 1467.

En este último asedio, mientras un contingente otomano mantenía el cerco sobre la ciudad, el grueso del ejército del sultán avanzaba a marchas forzadas desde Bosnia, Serbia y Macedonia para cortar cualquier posibilidad de socorro albanés. En medio de esta campaña, Scanderbeg cayó enfermo de malaria en Lezhë, la misma ciudad veneciana donde años antes había fundado su liga, y murió allí el 17 de enero de 1468, el mismo día en que sus fuerzas, al mando de Lekë Dukagjini, derrotaban a los otomanos en Shkodra.

El final de la resistencia

Tras la muerte de Scanderbeg, la resistencia albanesa continuó durante otra década bajo la dirección de Dukagjini, ya en paralelo a la guerra turco-veneciana de 1463-1479. Finalmente, en 1478, un cuarto asedio otomano logró rendir Krujë: debilitados por el hambre y la falta de provisiones, sus defensores se entregaron a Mehmed II, que les había prometido un salvoconducto seguro. La caída de Krujë, sumada a la de Shkodra al año siguiente, marcó el fin de la resistencia albanesa organizada y de la propia guerra turco-veneciana, que se cerró con la paz de Constantinopla de 1479.

Un legado que trascendió Albania

La figura de Scanderbeg se convirtió con el tiempo en símbolo nacional albanés y en referente de la resistencia cristiana frente al avance otomano en toda Europa. Su fama inspiró obras posteriores, entre ellas una ópera compuesta en 1718 por Antonio Vivaldi, y mereció elogios de pensadores como Voltaire, quien llegó a sugerir que el Imperio bizantino podría haber sobrevivido de haber contado con un líder de sus cualidades.

Krujë, la fortaleza de Scanderbeg, en Albania

Fuentes

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