Cada vez que voy a España por trabajo me encuentro con referencias al canal de Castilla. Pueden ser los carteles que hay aca o alla en los caminos o muchas veces es el mismo canal que se cruza delante mío…

Uno de los tantos carteles que señalan la ubicación del canal de Castilla.

¿Pero que es este canal que lleva el nombre de toda la región?

La idea de crear un canal nacio a mediados del siglo XVIII, ya que Castilla podía producir grano en abundancia, pero moverlo hasta el puerto de Santander era lento y carísimo: carros, mulas, caminos de tierra, etc. Un canal navegable habría resuelto el  problema de raíz.

La primera piedra se puso en 1753, en Calahorra de Ribas, cerca de Alar del Rey, en Palencia. El ingeniero que terminó dándole forma a la obra fue Carlos Lemaur, encargado de resolver un problema nada trivial: la zona por donde tenía que correr el canal no es plana, y un canal necesita salvar desniveles sin dejar de ser navegable. La solución fueron las esclusas, auténticas escaleras de agua que permitían a las barcazas subir y bajar de tramo en tramo.

Antiguo puente sobre el Canal de Castilla.

El proyecto se dividió en tres brazos: el Ramal Norte, el Ramal de Campos y el Ramal Sur, pensados para conectar Palencia, Valladolid y Burgos con esta red navegable. Pero el ritmo de construcción fue podríamos decir, muy lento, una obra muy difícil, casi intermitente. Guerras, cambios de ministros, arcas reales exhaustas. Lo que se avanzaba bajo un reinado se frenaba bajo el siguiente, y el canal atravesó los reinados de Fernando VI, Carlos III y Carlos IV sin llegar nunca a completarse del todo como se había soñado.

Hace unos dias pude visitar una de las esclusas del canal y en ese lugar había un pequeño monumento recuerda un momento concreto de esa historia: el punto exacto donde el canal reunió las aguas de los ríos Carrión y Pisuerga, en agosto de 1791, ya bajo Carlos IV.

Monumento que conmemorativo de la construcción de las esclusas en la localidad de Calahorra de Ribas.

El texto aún cuando era difícil de leer dice, aproximadamente:

«En el feliz reinado del señor don Carlos IV y la señora doña María Luisa, su augusta esposa, se unieron en este punto los ríos Carrión y Pisuerga, en agosto de 1791, a expensas del real erario, siendo ministro de Hacienda el excelentísimo señor conde de Lerena, bajo cuyas órdenes dirigió la obra el coronel don Juan de Homar Aguirre Echea, caballero de Calatrava.»

Es un texto que respira la solemnidad típica de estas placas: el rey, la reina, el ministro, el ingeniero militar al mando. Pero detrás de la fórmula hay un dato real y nada menor: unir dos ríos no es un gesto simbólico, es un problema hidráulico serio, resuelto con la tecnología de finales del XVIII, verdaderamente increíble e impresionante poder apreciar el desnivel con mis propios ojos…

Una de las esclusas en el lugar donde se une el Río Carrion y el Pisuerga en Calahorra de Ribas.

Lamentablemente. Para cuando el Canal de Castilla estuvo mínimamente operativo, el ferrocarril ya asomaba en el horizonte europeo. El barco de vela y sirga que debían transportar el trigo castellano acabó compitiendo con una tecnología que lo dejaría obsoleto en pocas décadas. Sin embargo aunque el canal no fue tan util para como fue pensado, hoy sus aguas  sirven para regar miles de hectáreas de campos que contuan a ser la principal riqueza de la región…

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