Cuando visité hace algunos años la catedral de Magdeburgo, recuerdo que entré de carrera ya que cerraba en diez minutos y obviamente no supe hasta hoy del tesoro histórico que había en su interior…

El pasado 1 de septiembre de 2026, la catedral de Magdeburgo fue escenario de un acontecimiento poco frecuente en la arqueología europea contemporánea: la reinhumación solemne de un emperador medieval.

La Catedral de Magdeburgo.

Los restos de Otón I, conocido como Otón el Grande y considerado el fundador del Sacro Imperio Romano Germánico, regresaron a su sepultura tras casi dos años de trabajos de conservación, documentación arqueológica y análisis científicos que confirmaron, más allá de toda duda razonable, la identidad del monarca cuyo nombre encabeza uno de los capítulos fundacionales de la historia política europea.

Una tumba en crisis

El proyecto de restauración nació de una necesidad urgente. Inspecciones rutinarias realizadas en 2024 revelaron que el sarcófago de Otón I, situado en el coro alto de la catedral de Magdeburgo desde la reconstrucción del templo en el siglo XIII, sufría un deterioro estructural severo.

Las causas eran múltiples y se combinaban de manera especialmente dañina: clavos y grapas de hierro instalados durante una restauración decimonónica se habían corroído y expandido, generando presión sobre la piedra; a ello se sumaban la humedad ascendente desde el subsuelo y las fluctuaciones térmicas propias del interior de un edificio de culto activo. La Fundación Cultural de Sajonia-Anhalt y la Oficina Estatal para la Conservación de Monumentos y Arqueología de la misma región, en colaboración con la parroquia evangélica de la catedral, iniciaron a comienzos de 2025 un programa integral de intervención.

La apertura del sarcófago

En marzo de 2025, bajo estrictos protocolos de seguridad, los conservadores retiraron la losa de mármol que cubría la tumba, una pieza de aproximadamente trescientos kilogramos de mármol de Proconeso extraído en la actual Turquía durante la Antigüedad tardía y reutilizado en época medieval. Bajo la losa apareció un sencillo ataúd de madera de pino. El análisis dendrocronológico de la madera estableció que los árboles habían sido talados en el invierno de 1208, lo que sitúa la fabricación del ataúd poco después del incendio que asoló la catedral en 1207, probablemente el cuerpo fue reinhumado durante las obras de reconstrucción del edificio.

En junio de ese mismo año se procedió a levantar la tapa del ataúd interior. En su interior, los especialistas hallaron una mezcla desordenada de restos óseos, fragmentos textiles de notable calidad, sedimentos de manera, cáscaras de huevo, un elemento que la tradición funeraria medieval asociaba simbólicamente con la resurrección. Marcas de cincel tanto en la tapa como en las paredes del sarcófago indicaban que la tumba había sido abierta al menos una vez con anterioridad, probablemente durante aquella reinhumación de comienzos del siglo XIII.

La confirmación científica

Un primer estudio preliminar de los huesos, pertenecientes a un varón de edad avanzada y estatura inusualmente elevada para la época, con el cráneo excepcionalmente bien conservado, apuntaba ya hacia la identificación tradicional. Pero fue en marzo de 2026 cuando un equipo multidisciplinario, que combinó arqueología, antropología física y análisis genético, confirmó de manera científica que los restos correspondían efectivamente a Otón I. El hallazgo cerraba así un interrogante que había persistido durante siglos sobre la autenticidad de la sepultura, apoyando de manera concluyente el relato histórico tradicional sobre el lugar de su enterramiento.

La catedral de Magdeburgo.

Quién fue Otón el Grande

Nacido en 912, probablemente en Wallhausen, Otón I heredó de su padre, Enrique I el Pajarero, el título de rey de Germania Oriental en 936, siendo coronado en Aquisgrán, la ciudad que Carlomagno había convertido en centro simbólico de su imperio.

Durante su reinado, Otón consolidó el poder real frente a la aristocracia feudal, sometió sucesivas rebeliones internas y obtuvo una victoria decisiva sobre los húngaros en la batalla de Lechfeld, en 955, poniendo fin a décadas de incursiones magiares en territorio germánico.

Su relación con Italia resultó igualmente determinante para el curso de su carrera. En 951 cruzó los Alpes para socorrer a Adelaida, viuda del rey Lotario II de Italia, que había sido apresada por Berengario de Ivrea, quien pretendía casarla con su propio hijo para legitimar su usurpación del trono. Otón derrotó a Berengario, liberó a Adelaida y contrajo matrimonio con ella, asumiendo así el título de rey de los lombardos. Una década después, en 961, el papa Juan XII solicitó su intervención contra el mismo Berengario, que había ocupado territorios pontificios. Otón acudió a Roma y, el 2 de febrero de 962, fue coronado emperador por el propio pontífice, en una ceremonia en la que también Adelaida recibió, de manera inusual para la época, la corona imperial. Aquella coronación es considerada tradicionalmente el acto fundacional del Sacro Imperio Romano Germánico, la institución que perduraría, con avatares diversos, hasta su disolución en 1806.

Otón murió en Memleben en 973, tras casi cuatro décadas de reinado, y fue sepultado en Magdeburgo, ciudad a la que había elevado a sede arzobispal y que consideraba el centro simbólico de su proyecto imperial, junto a su primera esposa, Edith de Inglaterra.

El nuevo sarcófago y el significado del hallazgo

Para la reinhumación de septiembre de 2026, la Fundación de Arte de Sajonia-Anhalt organizó un concurso artístico destinado a diseñar el nuevo receptáculo que albergará los restos del emperador. Mientras tanto, la investigación sobre los materiales recuperados continúa: los fragmentos textiles, los restos óseos y los elementos asociados al ajuar funerario siguen siendo objeto de estudio por especialistas en textiles medievales, patologías óseas y prácticas rituales altomedievales. Cada nuevo dato contribuye a perfilar con mayor precisión no solo la biografía física del propio Otón, sino también las costumbres funerarias de la aristocracia y el complejo entramado material que unía a la Germania del siglo X con el mundo mediterráneo, del que la propia losa de mármol reutilizada —de origen bizantino— constituye un elocuente testimonio.

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