En agosto de 1687, tras una serie de victorias en el Peloponeso, las tropas de la Liga Santa se reunieron en Corinto. Morosini y su comandante mercenario, el conde austríaco Otto Wilhelm von Königsmarck, debían decidir su siguiente objetivo. Descartaron la recuperación de Creta por su lejanía, así como el ataque a Eubea y otras ciudades bien fortificadas, y optaron finalmente por Atenas, con la intención de sitiarla desde el mar y someterla con la artillería si era necesario.
Al amanecer del 21 de septiembre de 1687, la flota veneciana ancló frente al Pireo. Los defensores otomanos, refugiados en la Acrópolis, recibieron una oferta de rendición a cambio de sus vidas, que rechazaron. El bombardeo comenzó entonces de forma sistemática desde varias colinas cercanas a la ciudad.
El Partenón, convertido en mezquita desde el siglo XV bajo dominio otomano, llevaba tiempo utilizándose también como almacén de pólvora: los defensores confiaban en que la fama y el valor histórico del edificio disuadirían a los atacantes de dirigir su artillería contra él. Fue un cálculo fatalmente equivocado. El 25 de septiembre, una bomba veneciana ya había hecho estallar un polvorín menor situado en los Propileos, la entrada monumental a la Acrópolis.

Dos días después, en la noche del 26 al 27 de septiembre, un obús impactó de lleno en el Partenón. La explosión resultante mató a unas 300 personas y destruyó por completo el techo del edificio, además de derribar unas treinta columnas y buena parte de las esculturas que Fidias había labrado más de dos mil años antes. El propio Morosini describió el disparo como «milagroso», sin ocultar su satisfacción por el golpe asestado a la resistencia otomana, indiferente al valor del monumento que acababa de destruir.
Pese a la magnitud de la destrucción, los defensores otomanos continuaron resistiendo hasta que, el 28 de septiembre, Königsmarck rechazó un intento de socorro del ejército otomano que avanzaba desde Tebas. La guarnición de la Acrópolis capituló poco después.
Morosini intentó llevarse a Venecia las esculturas centrales del frontón occidental del Partenón, entre ellas las célebres figuras de Poseidón y Atenea, pero el intento fracasó y las piezas se dañaron aún más en el proceso. Meses después, los venecianos, incapaces de sostener la ocupación de la ciudad ante la amenaza de una epidemia y la falta de recursos, abandonaron Atenas, que volvió a caer en manos otomanas con el templo convertido ya en unas ruinas que nunca recuperarían su forma original.
La explosión de 1687 es considerada por los historiadores el episodio más destructivo en toda la larga historia del Partenón, muy por delante de los daños sufridos durante su conversión en iglesia bizantina, católica o mezquita a lo largo de los siglos. Y su sombra se extendería más allá del propio siglo XVII: el deterioro del edificio tras el bombardeo veneciano facilitaría, más de un siglo después, que el embajador británico Lord Elgin retirara buena parte de las esculturas supervivientes con permiso otomano, en uno de los episodios de expolio patrimonial más controvertidos de la historia, y que hoy se conservan en el Museo Británico de Londres.
Fuentes
- Siege of the Acropolis (1687) — Wikipedia (inglés)
- El bombardeo veneciano que destruyó el Partenón — Muy Historia
- El Partenón — National Geographic Historia
- Un veneciano, un austríaco y una explosión — Curistoria




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