El 9 de septiembre de 1570, tras dos meses de asedio, caía Nicosia, capital de Chipre y corazón administrativo del dominio veneciano en la isla. Fue el primer gran golpe de la campaña otomana que, un año más tarde, culminaría con la caída de Famagosta y el fin de tres siglos de presencia veneciana en Chipre.

El ultimátum del sultán

El 28 de marzo de 1570, el sultán Selim II envió un embajador a Venecia con un ultimátum: si la Serenísima no entregaba Chipre pacíficamente, se le declararía la guerra. La reunión entre el emisario otomano y el doge Pietro Loredan duró apenas unos minutos; según la tradición, el anciano doge respondió que la República se defendería confiando en la ayuda de Dios y en la fuerza de sus armas. Venecia optó por resistir, aun siendo consciente de la enorme distancia que separaba la isla de sus bases en el Adriático.

Una invasión a gran escala

En el verano de 1570, un ejército otomano que las fuentes sitúan entre 60.000 y 100.000 hombres, al mando de Lala Mustafá Pasha, desembarcó sin oposición cerca de Limassol el 2 de julio. Frente a semejante fuerza, la guarnición veneciana de Nicosia, de apenas unos miles de hombres, tenía pocas opciones. El gobernador general Astorre Baglioni había llegado a la isla meses antes para preparar la defensa, pero dejó el mando de Nicosia en manos de Nicolò Dandolo y se trasladó a Famagosta, la otra gran plaza fuerte veneciana, para reforzar allí las fortificaciones.

El ejército otomano puso cerco a Nicosia y sometió sus murallas a un intenso bombardeo de artillería durante semanas. La ciudad, pese a la resistencia de sus defensores, no pudo aguantar el asedio.

El asedio de Nicosia en una impresión de Giovanni Francesco Camocio de 1574. Fuente

La caída y la masacre

El 9 de septiembre de 1570, tras casi dos meses de asedio, las tropas otomanas tomaron Nicosia por asalto. Lo que siguió fue una de las masacres más recordadas de la conquista otomana del Mediterráneo: unos 20.000 habitantes de la ciudad fueron ejecutados, y sus iglesias, palacios y edificios públicos, saqueados. Solo se libraron las mujeres y los niños, capturados para ser vendidos como esclavos. Entre las víctimas se encontraba el propio Dandolo.

La noticia de la masacre se extendió rápidamente por la isla, y apenas unos días después la fortaleza de Kyrenia se rindió a los otomanos sin oponer resistencia, atemorizada por lo ocurrido en la capital.

Murallas Venecianas de Nicosia. Fuente

Un macabro mensaje para Famagosta

Buscando repetir en Famagosta el mismo efecto paralizante que había facilitado la rendición de Kyrenia, Lala Mustafá Pasha envió a su comandante, Marco Antonio Bragadin, un cesto con la cabeza de Dandolo, acompañado de una exigencia de rendición inmediata. Lejos de amilanarse, Bragadin decidió resistir, dando inicio a un nuevo asedio que se prolongaría casi un año y que terminaría convirtiéndose en uno de los episodios más recordados de toda la historia veneciana.

Consecuencias

Con Nicosia y Kyrenia en manos otomanas, Famagosta quedaba como la última plaza veneciana en pie en Chipre. La rapidez y brutalidad de la campaña por el interior de la isla contrastó con la larga y heroica resistencia que ofrecería después Famagosta, y dejó claro desde el primer momento la magnitud del desafío que Venecia enfrentaba para conservar su posesión más oriental.

Nicosia, capital de Chipre, escenario del asedio de 1570

Fuentes

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