El 28 de septiembre de 1538, frente a las costas de Préveza, en la actual Grecia, la flota otomana comandada por Jeireddín Barbarroja infligió una derrota humillante a la armada cristiana de la Liga Santa, muy superior en número. La batalla confirmó la hegemonía naval del Imperio otomano en el Mediterráneo oriental durante más de tres décadas, hasta la revancha cristiana en Lepanto en 1571.
La respuesta cristiana al asedio de Corfú
Tras el fallido asedio de Corfú de 1537, Venecia comprendió que no podía enfrentarse en solitario al poder naval otomano. Impulsada por la Serenísima, el papa Paulo III organizó una coalición cristiana conocida como la Liga Santa, que unió a los Estados Pontificios, la República de Venecia, la República de Génova y la Monarquía Hispánica de Carlos V. El mando supremo de la flota combinada recayó en el almirante genovés Andrea Doria, entonces al servicio del emperador.

En septiembre de 1538, la Liga reunió cerca de Corfú una flota de unos 300 barcos y 60.000 hombres, frente a las apenas 120-150 galeras y 20.000 soldados con los que contaba Barbarroja. Sobre el papel, la superioridad cristiana era aplastante.
Un desastre anunciado
Cuando la flota de la Liga localizó a Barbarroja en la bahía de Préveza, Doria se mostró reacio a atacar dentro de una zona dominada por la artillería costera otomana, y prefería forzar el combate en mar abierto, donde su superioridad numérica sería más decisiva. Presionado por los almirantes venecianos, Domenico Capello y Marco Grimani, terminó aceptando plantear la batalla en los términos propuestos por Barbarroja.
El resultado fue un desastre para la Liga. Barbarroja había dispuesto su flota con antelación para bloquear la salida de las naves cristianas hacia mar abierto, y el mal tiempo y los vientos desfavorables terminaron de dificultar las maniobras de Doria. La coordinación entre los distintos contingentes de la Liga fue prácticamente nula, y la falta de confianza entre sus mandos impidió cualquier reacción efectiva. Al final del día, la armada cristiana se retiró en desbandada sin haber logrado imponer su ventaja numérica.
Las dudas sobre Doria
El desarrollo exacto de la batalla sigue siendo objeto de debate entre historiadores, ya que las fuentes de la época ofrecen versiones contradictorias. La historiografía tradicional, basada sobre todo en testimonios venecianos, ha señalado a Doria como principal responsable de la derrota, apuntando a su pasividad a la hora de comprometer sus propios barcos en el combate. Algunos autores han llegado a sugerir que el almirante genovés, enfrentado desde hacía tiempo con Venecia, pudo tener motivos personales para no arriesgar su flota por la causa veneciana, e incluso negociaciones paralelas con el propio Barbarroja, aunque no existen pruebas concluyentes de ello.

Consecuencias: una hegemonía que duraría décadas
La derrota de Préveza tuvo consecuencias inmediatas: la Liga Santa se disolvió poco después, y las relaciones entre Carlos V y Doria quedaron seriamente dañadas. Para Barbarroja, la victoria consolidó su fama como uno de los grandes comandantes navales de su tiempo. En los meses siguientes, los otomanos continuaron capturando puestos venecianos en el Egeo, y en 1540 Venecia se vio obligada a firmar una nueva paz, cediendo sus últimas posesiones en la Morea, Nauplia y Malvasia, junto con el pago de una fuerte indemnización.
La hegemonía naval otomana en el Mediterráneo oriental, sellada en Préveza, se prolongaría durante más de tres décadas, hasta que una nueva Liga Santa, esta vez sí victoriosa, lograra revertir la situación en la Batalla de Lepanto de 1571, aprendiendo de los errores de coordinación que habían costado tan cara a la coalición cristiana en 1538.
Fuentes
- Batalla de Préveza — Wikipedia
- Liga Santa (1538) — Wikipedia
- Barbarroja y Andrea Doria: duelo de estrategas — Revista de Historia
- Préveza, la batalla naval que ganó el Imperio Otomano — La Brújula Verde




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