Que emocionante fue estar ahí, parado en medio de lo que antiguamente fue el hipódromo de Constantinopla o mejor dicho de Nueva Roma.
Mi imaginación voló en alto, me pareció ver a Justiniano y Teodora en la Tribuna y escuchar a los verdes y azules gritando Nika, Nika, Nika… pero no, eran los locos de mis amigos…
Aunque del majestuoso edificio poco queda, el espacio que un dia ocupó y su silueta, aún están ahí, y nadie las ha tocado, nadie se ha atrevido a alterar su espacio y seguramente quedará ahí por muchos siglos, por la eternidad y la gloria de Roma…








