Por años pasé por fuera de Lerma durante mis viajes a España. Siempre estaba ahi, este pueblo en la cima de un pequeño cerro, con algunas altas torres que se destacaban y dibujaban su perfil.
No fue hasta hace un par de semanas que me detuve a visitarla, sin tener idea de lo que encontraría,y lo que encontré me dejo maravillado.
Todo comenzó muy bien ya que antes de llegar al pueblo, al costado del camino me encontré con un bellismo puente medioval

Un poco más allá, estacione el auto al costado de un campo deportivo ubicado cerca del puente y a la base del cerro donde está la ciudad. No di mas de 20 pasos cuando un señor que estaba en el lugar, me preguntó si iba a visitar la ciudad, le conteste que si y me recomendó visitar su sitio web donde podría encontrar toda la información necesaria para mi visita. De verdad era un muy buen sitio y gracias a el mi visita fue mucho más completa y gratificante.
Poco mas allá un hombre le ofrecía a una mujer de llevarla a su casa en auto y ella le agradeció y le dijo que como vivía en el centro, le era mucho más rápido y fácil subir las escaleras que estaban un poco más adelante.
Yo no había caminado mas de 200 metros y sin esfuerzo ya tenía toda la información que necesitaba, que mejor!!
Así, subi las escaleras hacia una gran iglesia que se destacaba a la distancia y al llegar a ella, con la ayuda del sitio del señor que encontré antes, empecé mi visita.
Estaba delante de la Colegiata de San Pedro. Bellísima iglesia, de un estilo especial que luego escuchando los post del sitio, supe que se llamaba Herreriano.




Despues de girar alrededor de la iglesia, ya que estaba cerrada, seguí subiendo por unas escaleras que estaban en la parte trasera de la iglesia y que corrían paralelas al borde del precipicio y desde donde se tenía una espectacular vista al valle.

Al terminar las escaleras llegué a una especie de corredor angosto con numerosos arcos, y despues supe era una parte de la galería privada del duque de Lerma y que unía el Palacio Ducal con la iglesia que recién había visto.

Entre los arcos se tiene la mejor vista panorámica de la vega del rio Arlanza, de hecho el lugar se llama mirador de arcos. Desde ahí se comprende por qué este cerro fue elegido como emplazamiento desde tiempos prerromanos, el control visual del valle es total. Abajo, el río describe su curva entre alamedas y molinos de agua que se pueden recorrer siguiendo una sencilla ruta de senderismo que parte del casco histórico.

Doblando a la derecha se llega a una plaza con un pequeño jardín, donde a la izquierda esta el monasterio de Santa Clara y a la derecha el Monasterio de la Ascensión de Nuestro Señor, donde las Hermanas de Iesu tienen un pequeño negocio del que voy a contar después.



Ahora llegó el momento de decir algo acerca de Lerma… la ciudad fue declarada Conjunto Histórico Artístico en 1965 y forma parte de la asociación de los Pueblos Más Bonitos de España. No es un reconocimiento vacío. Lo que hace singular a esta villa no es un monumento aislado sino la coherencia de todo un trazado urbano rehecho en las primeras dos décadas del siglo XVII por un solo hombre: Francisco Gómez de Sandoval y Rojas, valido de Felipe III y primer duque de Lerma. Este poderoso político —retratado a caballo por Rubens en un cuadro que hoy conserva el Prado— convirtió la antigua villa medieval en una especie de corte de recreo, derribando murallas, comprando propiedades y contratando a los mejores arquitectos del momento: Francisco de Mora, Juan Gómez de Mora y el carmelita fray Alberto de la Madre de Dios. Los tres trabajaron en Lerma entre 1600 y 1618 siguiendo el estilo herreriano que dominaba la arquitectura española bajo los últimos Austrias.
El duque de Lerma, que llegó a ser nombrado protector de los conventos dominicos españoles, sembró la villa de edificios religiosos. Fundó seis monasterios —tres masculinos y tres femeninos— de Franciscanos, Dominicos y Carmelitas, todos ellos construidos siguiendo las mismas pautas Herrerianas del conjunto. Muchos sufrieron graves daños durante la ocupación francesa y la desamortización de Mendizábal de 1836, pero algunos se mantienen activos hasta hoy.
Ya me parecía a mi todo muy planificado y ordenado para ser un pueblo medieval…
Siguiendo el recorrido doble a la izquierda por la calle que llega al centro de la pequeña plaza de Santa Clara y caminando por ella, pocos metros más adelante se llege a La Plaza Mayor y el Palacio Ducal.


El corazón de Lerma es sin duda su Plaza Mayor —también llamada Plaza Ducal—, esta es una de las más grandes de España con cerca de 7.000 metros cuadrados. Es una plaza porticada, uniforme y austera, diseñada no para el comercio cotidiano sino para los grandes eventos que el duque promovía cuando la corte de Felipe III se trasladaba aquí. En su flanco norte se alza el Palacio Ducal, cuya construcción comenzó en 1601 sobre el solar del antiguo castillo medieval.



Francisco de Mora trazó un edificio de planta rectangular con cuatro torres en las esquinas rematadas por capiteles de pizarra: un privilegio que el rey concedió expresamente al duque, pues ningún palacio noble podía tener más de dos torres. La fachada de piedra, simétrica y sobria, con más de doscientos balcones de hierro, es el emblema visual de la villa.
El Palacio Ducal es hoy un Parador Nacional de Turismo (hotel). Su patio interior, de dos alturas con columnas toscanas y jónicas, es uno de los espacios más fotografiados de Lerma, y no sin razón: aquí Lope de Vega estrenó algunas de sus obras hace cuatro siglos. Quien se aloje en el parador tendrá además la perspectiva completa de la plaza desde sus ventanas, algo que merece la pena si el presupuesto lo permite. Cosa que obviamente no hace ya te tenía poco tiempo para llegar a Madrid y tomar el avión de regreso a casa.
Cruzando la plaza Mayor se encuentra la pequeña plaza de San Blas con su iglesia y monasterio.

El Convento de San Blas, fundado en 1611 y encomendado a las madres dominicas, fue diseñado por Francisco de Mora y ejecutado por fray Alberto de la Madre de Dios, destaca por su gran fachada clasicista con los escudos ducales y por su rico interior: un retablo clasicista, pinturas traídas de Flandes, esculturas atribuidas a la escuela castellana de Gregorio Fernández y un extraordinario relicario en la clausura que las monjas permiten visitar. Las dominicas de San Blas son además conocidas por sus productos de cerámica artesanal.

Después, caminando un poco, me fui a visitar el Antiguo Convento de Santo Domingo. Un lugar verdaderamente espectacular ya que se puede mirar desde el alto, me dio la sensación de estar en un antiguo teatro Romano, donde el monasterio esta en la escena.


Y además, tiene un gran nido de cigüeñas. Ese dia puede ver la pareja de cigüeñas y también a la pequeña cigüeña que estaba en el nido.


Y así comencé mi recorrido de regreso atravez de las calles del pueblo…



De regreso en la plaza de Santa Clara y se me ocurrió entrar a comprar algo al negocio que en ese lugar tienen las Hermanas de Iesu. Si saberlo esa fue la mejor parte de la visita y que nunca la voy a olvidar ya que me tocó el corazón.
En el negocio se venden productos de repostería, pinturas y productos artesanales y es atendido por las Hermanas, pero ellas non son la típica monja que uno conoce seria y vestida con un hábito negro, no, ellas eran jóvenes, tenían un hábito azul de tela de jeans y una sonrisa estampada en la cara…
Conversando con ellas me contaro que son un grupo que ha crecido mucho en los últimos años y que hoy son mas de 400 hermanas, tantas que tuvieron que dejar Lerma para trasladarse a otro convento más grande.
Viendo sus caras llenas de alegría, me dio la sensación de que la iglesia aún tiene una oportunidad de sobrevivir en este mundo de pocos principios y lleno de distracciónes modernas.
Al despedirnos les prometi que iba siempre a rezar por ellas… sali de ese edificio sonriendo, feliz y con una sensación de ligereza que desde hace años no sentía, un verdadero regalo de Dios…
Resumiendo:
Hay pueblos que uno visita casi de paso y que luego no puede sacudirse de la memoria. Lerma, en la provincia de Burgos, es uno de ellos. La primera imagen ya lo dice todo: una silueta compacta sobre un cerro, recortada contra el cielo de Castilla, con los capiteles de pizarra del Palacio Ducal y la torre de la colegiata de San Pedro dominando la llanura del río Arlanza desde lejos, como si el conjunto hubiera sido dispuesto para ser visto antes de ser recorrido.
Lerma se recorre bien en una jornada y en dos horas también. Sin duda durante mi próxima visita voy a tomar las visitas guiadas que organiza la Oficina de Turismo. Salen del propio centro y tienen un precio que justifica ampliamente el conocimiento que aportan.
La gastronomía de la zona tiene como plato estrella el lechazo asado en horno de leña, y los vinos de la D.O. Arlanza —elaborados principalmente con uva Tempranillo— acompañan bien cualquier comida. Los dulces de convento son, como suele ocurrir en la España interior, un argumento turístico por sí solos



