Lerma es una de esas ciudades cuya fisonomía actual fue modelada de golpe, por una sola voluntad y en poquísimo tiempo.
Entre 1600 y 1618, el poderoso duque de Lerma se empeñó en hacer de Lerma la segunda corte del reino, contratando a los arquitectos más prestigiosos del momento: Francisco de Mora, Juan Gómez de Mora y fray Alberto de la Madre de Dios. El resultado fue una serie de magestuosos edificios en estilo Herreriano, del que la Colegiata de San Pedro es la pieza religiosa central.



Los orígenes: de parroquia a colegiata.
En el extremo occidental de la villa se alza la colegiata, levantada desde 1613 para sustituir la iglesia parroquial preexistente, cuyas obras habían quedado paralizadas en el siglo XVI. El primer impulso lo dio el arzobispo de Sevilla, don Cristóbal de Rojas y Sandoval, tío del duque, quien concibió la idea de dotar a Lerma de un templo de grandes dimensiones partiendo del edificio ya existente. Las obras fueron continuadas por el duque, que era el valido de Felipe III, ampliando las proporciones de lo construido sin renunciar al cubrimiento de estilo gótico.

La conversión en colegiata fue un acto de poder tan cuidadosamente negociado como la propia arquitectura. A petición del duque, la parroquia fue elevada a colegiata por el papa Paulo V, quien además concedió una bola designando la abadía como «nullius diócesis», con dependencia directa de la Santa Sede e independencia total del arzobispado de Burgos. En 1617 se celebró la consagración del templo con unas fiestas que duraron trece días y en las que participó la Corte y la alta nobleza de España.
La arquitectura.
A mi me gustó mucho el estilo La iglesia ya que es de volúmenes simples, con paredes lisas y muy pocos elementos decorativos, salvo las ventanas, algunos escudos de armas y la figura de San Pedro sobre la puerta de entrada.


Otra cosa que me gustó mucho es que en dos de sus costados tiene unos bellísimos jardines y en otro las unas fantásticas vistas a los campos que rodean la ciudad.


Los tesoros del interior
Yo visité La Colegiata solamente desde el exterior ya que cuando trate de entrar siguiendo un grupo de turistas, supe se se puede entrar únicamente mediante visita guiada contratada en la Oficina de Turismo de Lerma que esta a pocos metros de distancia en dirección al palacio Ducal.
La información que he encontrado dice que la pieza más antigua que conserva el templo es la pila bautismal, románica, del siglo XIII, superviviente de la primitiva parroquia medieval.
El elemento más impresionante seria el presbiterio. Allí se levanta un soberbio retablo barroco iniciado en 1690, con diseño del pintor Manuel Martínez Estrada y ensamblado por Diego de Suano; las esculturas fueron talladas en 1692 por el maestro Juan de Ávila. A ambos lados del retablo, en la zona alta, se abren dos balconcillos cerrados por celosías que comunican con el convento de clarisas. Frente al presbiterio, el coro ocupa un amplio espacio en forma de U con sillería coral de dos pisos.
En la girola destaca el retablo de Nuestra Señora de la Piedad, de 1680, con una notable talla de la advocación del siglo XVI. La sacristía conserva cajonería del siglo XVII con ricos ornamentos litúrgicos, y alberga una bella mesa de piedras duras de origen italiano, donada por el propio duque. No puede pasarse por alto la escultura funeraria de don Cristóbal de Rojas y Sandoval, el arzobispo promotor del proyecto, trasladada a la colegiata por orden del duque y colocada en posición de honor frente al retablo mayor.
Una curiosidad
El duque, gran promotor de la construcción de la iglesia, obviamente quería tener un acceso privilegiado a ella, por lo que hizo construir un largo corredor que comunicaba El Palacio Ducal, de manera que el duque podía acceder al templo sin ser visto.



