La Herencia de los Paleo-Venetos.

¿Es posible encontrar alguna traza de los antiguos Paleo-Venetos en el mudo de hoy?.

Al parecer si, y esta respuesta nos la da el Historiador Zorzi Alvise en su libro “La repubblica del leone: Storia di Venezia”.

A continuación les presento una traducción libre, realizada por mi, de algunos segmentos del libro . En ella incluí unas pocas fotos que ilustran algunas de las cosas senaladas en el texto, cuya versión original en Italiano se encuentra al final del artículo.

Traducción;

En realidad, para rastrear los orígenes de los Venetos tendríamos que buscar mucho más atrás y tambien mucho más cerca de nosotros.

Los primeros rastros humanos en los colli Euganei, en el altopiano de Asiago, en el Veronése, en el Asolano, en el Vicentino, cerca de Trieste. Estas huellas se pierden en la bruma del tiempo y nos alejan de las lagunas de la Venecia marítima. Pero existe un vínculo preciso entre la Venecia de hoy y la de la prehistoria:

La técnica utilizada hasta hoy para la conquista del terreno y para la construcción de los edificios del microcosmos lagunar veneciano es sustancialmente la misma que la empleada por los habitantes de los palafitos de mil trescientos o mil quinientos años antes de Cristo en su “recuperación” de los lagos y pantanos de la laguna Veneta, del Trentino, del Veronese, o de la zona del lago di Garda.

Los pilotes que sostienen la basílica de San Marcos, los millones de pilotes clavados en el barro para construir el puente de Rialto o la iglesia de la Salute, descienden directamente de los palafitos del lago de Ledro o de Fiavè, miles de años más antiguos.

Recreacion de un palafito paleo veneto en el lago di ledro fuente. Palafito

Así, los tejados de paja de los edificios tradicionales del bajo valle del Po, llamados localmente casoni, han llegado probablemente hasta nosotros, con su característica forma de cuatro aguas, desde la civilización que tomó su nombre de su epicentro, la ciudad de Este, y que se desarrolló alrededor del año 1000 a.C. su estructura se repite en los más orgullosos palacios venecianos, todos con los mismos tejados piramidales de cuatro aguas, similares a las de las primitivas cabañas paleovenecianas.

El Casón di Piavon, recuperado por la comuna de Oderzo (TV), Los techos a cuatro aguas son los más comunes en las casas del Veneto, pero hoy son de tejas y tienen menos pendiente que los del Casón. Fuente foto.

Las razones de la continuidad entre el mundo paleoveneciano y el veneciano no se detienen aquí. Los bronces paleovenecianos representan a mujeres vestidas con una especie de capa que, saliendo del cinturón, cubre la espalda, los brazos, los hombros y la cabeza con una amplia curva. Este es el arquetipo del zendale, o zendà, que llevaban las mujeres venecianas hasta finales del siglo XVIII, la vestimenta, en definitiva, de las mujeres comunes de las comedias de Goldoni y de los cuadros de Longhi.

Incluso, en una lápida encontrada en Camin, aparece un hombre con un gorro en forma de cuerno, quizás un precedente muy antiguo del tradicional tocado de los Doges de Venecia.

La lapida di Camin muestra una mujer con un atuendo muy similar al que se utilizó en Venecia hasta el siglo XVIII y un hombre con un sombrero parecido al utilizado por los Doges. Fuente.
EL zendale, o zendà, que llevaban las mujeres venecianas hasta finales del siglo XVIII. Fuente.

Además de Este, Padova y Montebelluna, otras ciudades prosperaron. Pero la civilización Paleoveneciana era sobre todo campesina. La influencia etrusca y el interés mostrado del mundo griego por el alto Adriatico no habrían tenido mucho efecto en este microcosmos bondadoso, que practicaba el comercio marítimo y terrestre, hablaba una lengua ario-europea y adoraba a oscuras divinidades que se manifestaban a través de las aguas y el barro burbujeante de Montegrotto o Montagnon, en las cercanías de Abano.

Texto original tomado de:

Zorzi, Alvise. La repubblica del leone: Storia di Venezia (Tascabili. Saggi) (Italian Edition).

In realtà, per rintracciare le origini dei Veneti bisognerebbe cercare molto più indietro (e più vicino)

Le prime tracce umane nei colli Euganei, sull’altopiano di Asiago, nel Veronese, nell’Asolano, nel Vicentino, presso Trieste. Sono tracce che si perdono nella notte dei tempi e ci porterebbero lontani dalle lagune della Venezia marittima. Ma un legame preciso tra la Venezia di oggi e quella della preistoria c’è: la tecnica usata fino ai nostri giorni per la conquista del suolo e per la costruzione degli edifici nel microcosmo lagunare veneziano è sostanzialmente la stessa impiegata dai palafitticoli di milletrecento o millecinquecento anni prima di Cristo nelle loro “bonifiche” dei laghi e degli acquitrini delTrentino, del Veronese, della zona di Garda. Le palificazioni che sostengono la basilica di San Marco, i milioni di pali conficcati nel fango per costruire il ponte di Rialto o la chiesa della Salute discendono dritti dritti dalle palafitte del lago di Ledro, o di Fiavè, di migliaia d’anni più antiche.

Così i tetti di paglia di quegli edifici tradizionali della bassa padana chiamati localmente casoni, sono probabilmente giunti fino a noi, con la loro forma caratteristica a quattro pioventi, dalla civiltà che ha preso il nome dal suo epicentro, Este, e si è sviluppata all’incirca dal 1000 avanti Cristo: la loro struttura si ripete nei più orgogliosi palazzi veneziani, tutti con gli stessi tetti piramidali, a quattro pioventi, simili aquelli delle primitive capanne paleovenete.

I motivi di continuità tra il mondo paleoveneto e quello veneziano non si fermano qui. Bronzetti paleoveneti raffigurano donne vestite di una specie di cappa che, salendo dalla cintura, copre con un’ampia curva la schiena, le braccia, le spalle e la testa: è l’archetipo dello zendale, o zendà, portato dalle donne veneziane fino alla fine del Settecento, l’abbigliamento, insomma, delle popolane delle commedie di Goldoni, dei quadretti del Longhi. C’è perfino, in una lapide trovata a Camin, un uomo che porta in capo un berretto a foggia di corno, forse un antichissimo precedente del copricapo tradizionale dei dogi di Venezia.

Oltre a Este, Padova, Montebelluna, prosperavano altre città. Ma la civiltà paleoveneta era soprattutto contadina. L’influenza etrusca e l’interesse dimostrato dal mondo greco per l’alto Adratico non avevano avuto grandi effetti su questo microcosmo bonario, che praticava commerci marittimi e terrestri, parlava una lingua ario-europea e adorava oscure divinità che si manifestavano attraverso le acque e i fanghi ribollenti di Montegrotto o del Montagnon, nei dintorni di Abano.

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