Asi como se dice que el pan es visa, podemos decir que la historia del pan es también la historia de la civilización. Mucho antes de la aparición de las grandes ciudades, de los imperios y de la escritura, los seres humanos ya experimentaban con cereales, molienda y cocción.

Arqueólogos de la Universidad Necmettin Erbakan han hallado en el yacimiento neolítico de Çatalhöyük, en Anatolia central, un objeto con aspecto de masa que podría representar la evidencia más antigua conocida de pan fermentado. El hallazgo tiene una antigüedad estimada de unos 8.600 años, con una datación aproximada de 6.600 a.C., y procede de una de las comunidades agrícolas más importantes del Neolítico.

Cada vez que veo un artículo sobre Catalhoyuk recuerdo  cuando lo visité. Esta es una de las fotografías que tomé ese día…

Çatalhöyük está considerado uno de los mayores y mejor conservados asentamientos prehistóricos del mundo, y fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 2012. Situado al sureste de la actual ciudad de Konya, en el distrito de Çumra, fue habitado durante milenios por una población que llegó a rondar los 8.000 habitantes, y constituye una fuente excepcional para comprender la transición de las sociedades cazadoras-recolectoras a las primeras comunidades agrícolas estables. Sus habitantes cultivaban cereales, criaban animales domésticos y desarrollaban formas de vida sorprendentemente complejas para su época.

El descubrimiento se realizó en una zona denominada Mekan 66 (o «Espacio 66»), donde los investigadores localizaron una antigua construcción, dotada de horno. En las inmediaciones aparecieron semillas de trigo, cebada y guisantes, además de una singular sustancia orgánica de aspecto esponjoso y tamaño similar al de una palma de mano, que llamó inmediatamente la atención de los especialistas.

Los análisis realizados en el Centro de Investigación y Aplicación en Ciencia y Tecnología (BİTAM) de la propia universidad demostraron que aquel material no era un simple residuo vegetal. Mediante microscopía electrónica se identificaron granos de almidón, pequeñas cavidades producidas por burbujas de aire y otros indicios compatibles con un proceso de fermentación. La pieza conservaba incluso la huella de una presión realizada con un dedo antes de su cocción o manipulación.

El arqueólogo Ali Umut Türkcan, al frente del equipo de excavación, explicó que se trataría de una versión en miniatura de una hogaza, que nunca llegó a cocinarse en el horno pero que fermentó, conservando así los almidones originales. Según los investigadores, la excepcional conservación fue posible gracias a que la estructura quedó cubierta por capas de arcilla fina que protegieron tanto los elementos de madera como restos orgánicos extremadamente frágiles.

La importancia del hallazgo radica en que la fermentación representa uno de los grandes avances tecnológicos de la alimentación humana. Permite mejorar la textura del pan, facilita la digestión y modifica las propiedades nutricionales de los cereales. Hasta ahora, las evidencias más conocidas de pan fermentado procedían del antiguo Egipto, muchos siglos después. Si las conclusiones de los investigadores turcos son confirmadas definitivamente, el descubrimiento de Çatalhöyük demostraría que estas técnicas eran conocidas mucho antes de lo que se pensaba.

Conviene señalar, de todos modos, que el título de «pan más antiguo del mundo» es objeto de debate académico. En 2018, un equipo de investigadores halló en Shubayqa, en el desierto negro de Jordania, restos de pan plano sin levadura elaborados por comunidades cazadoras-recolectoras natufienses unos 4.000 años antes que el hallazgo de Çatalhöyük, lo que también pone en discusión la idea tradicional de que el pan surgió junto con la agricultura.

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