El 7 de octubre de 1571, en el golfo de Patras, frente a la ciudad griega de Naupacto, entonces conocida como Lepanto, se libró una de las batallas navales más recordadas de la historia europea.

La flota de la Liga Santa, con una participación veneciana decisiva, se impuso a la armada del Imperio otomano en apenas cinco horas de combate. Fue la mayor victoria naval cristiana del siglo, aunque llegó demasiado tarde para salvar Chipre, perdida solo semanas antes.

Representación de la batalla en una pintura de finales del siglo XVI. Autor desconocido. Fuente.

La formación de la Liga Santa

La conquista otomana de Chipre, con las caídas de Nicosia y Famagosta, convenció al papa Pío V de que había llegado el momento de forjar una gran coalición cristiana contra el avance del sultán. El 24 de mayo de 1571 se firmaron los acuerdos de la Liga Santa, que unió a la Monarquía Hispánica, la República de Venecia, los Estados Pontificios, la República de Génova, el Ducado de Saboya y la Orden de Malta. El mando de la flota combinada recayó en don Juan de Austria, hermanastro del rey Felipe II, ya que España asumía buena parte del coste de la empresa.

La flota, reunida en Messina, sumaba más de 200 galeras y seis galeazas venecianas, auténticas baterías flotantes artilladas que resultarían decisivas en el combate. En la formación de batalla, el centro quedó bajo el mando directo de don Juan de Austria, con Agostino Barbarigo al frente del ala veneciana y Giovanni Andrea Doria en la genovesa.

La noticia que encendió a la flota

El 26 de septiembre, la armada cristiana llegó a Corfú, y días después, el 4 de octubre, recibió la noticia de la caída de Famagosta y del suplicio sufrido por Marco Antonio Bragadin. Lejos de desanimar a la coalición, el relato de la crueldad otomana infundió en sus filas un deseo de venganza que dotó a la, hasta entonces frágil, alianza de una cohesión poco habitual entre potencias con intereses tan diversos.

El choque en el golfo de Patras

La mañana del 7 de octubre de 1571, ambas flotas se avistaron en el golfo de Patras. La armada otomana, comandada por Alí Pachá, adoptó su tradicional formación en media luna, con la que buscaba envolver a las fuerzas cristianas. La Liga Santa respondió desplegándose en una línea similar a una cruz, con las galeazas venecianas adelantadas para machacar con su artillería a las galeras otomanas antes de que estas pudieran cerrar distancias.

Plano de la batalla de Lepanto. Fuente.

El punto álgido del combate se produjo en el centro, donde la galera capitana cristiana, La Real, comandada por don Juan de Austria, embistió directamente contra La Sultana, el buque insignia de Alí Pachá. Tras más de cinco horas de una lucha encarnizada, con miles de hombres combatiendo cuerpo a cuerpo entre los restos de las naves, el resultado se decantó claramente a favor de la Liga Santa. Alí Pachá murió en el combate, y buena parte de la flota otomana fue destruida o capturada. Miles de cristianos que servían como remeros esclavizados en las galeras turcas recuperaron la libertad ese mismo día.

Una victoria que llegó tarde para Chipre

Pese a la magnitud del triunfo, Lepanto no logró revertir las pérdidas territoriales de la guerra. Chipre, perdida definitivamente con la caída de Famagosta, no volvería jamás a manos venecianas. Peor aún, el Imperio otomano reconstruyó con sorprendente rapidez su flota, y en 1572, cuando la armada cristiana volvió a hacerse a la mar, los turcos evitaron directamente el combate. Las divisiones internas de la Liga Santa, agravadas por la muerte de Pío V en mayo de 1572, terminaron por disolver la coalición. Venecia, con sus intereses comerciales en juego y sin ganas de prolongar indefinidamente la guerra, firmó la paz por separado con la Sublime Puerta en 1573, aceptando formalmente la pérdida de Chipre y el pago de una fuerte indemnización.

Un legado que trascendió lo militar

Aunque su impacto estratégico fue más limitado de lo que sus contemporáneos esperaban, Lepanto tuvo una enorme repercusión simbólica en toda Europa: acabó con el mito de la invencibilidad naval otomana y se convirtió en el gran referente del heroísmo cristiano renacentista, inmortalizado por pintores como Tiziano y conmemorado por la Iglesia con la festividad de la Virgen del Rosario. Entre los combatientes cristianos se encontraba un joven soldado español, Miguel de Cervantes, que resultó herido en la mano izquierda durante la batalla y que años más tarde la definiría como «la más alta ocasión que vieron los siglos».

Nafpaktos (Lepanto), en el golfo de Patras, Grecia, donde se libró la batalla

Fuentes

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