Hace unos años fui a Brescia con un plan claro: dedicar el día a los museos arqueológicos del centro histórico. Llevaba tiempo queriendo visitar el complejo de Santa Giulia y el área del Foro romano, y por fin había encontrado un hueco en la agenda. Lo que no había calculado bien era el tiempo. Ni de lejos.
Hay lugares que te hablan directamente desde el pasado. El Teatro Romano de Brescia es uno de ellos. Situado en el corazón del centro histórico, junto al imponente Templo Capitolino y la antigua Piazza del Foro, este monumento es uno de los testimonios más extraordinarios de la Brixia romana, y forma parte del Patrimonio Mundial de la UNESCO desde 2011. Cuando llegué allí, a media mañana, pensé que con un par de horas tendría más que suficiente. No fue así.

Un coloso de la antigüedad
El teatro fue construido en época flavia, es decir, durante la dinastía que gobernó Roma entre los años 69 y 96 d.C., posiblemente sobre estructuras anteriores. En su época de máximo esplendor, tras una gran restauración a finales del siglo II d.C., se estima que podía albergar hasta 15.000 espectadores, lo que lo convertía en el mayor teatro del norte de Italia después del de Verona, comparable en dimensiones a los de Catania y Taormina.
El edificio medía 86 metros de anchura y probablemente unos 34 de altura. Construido en piedra de medolo, mármol y ladrillo, aprovechó inteligentemente la pendiente natural de la colina del Cidneo —una solución más cercana a la tradición griega que a la romana clásica, donde la cavea se sostenía sobre arcos—. Esa elección constructiva explica por qué hoy sobreviven las filas más bajas de gradas, que apoyaban directamente sobre el terreno, mientras que las superiores, sostenidas por arcos, desaparecieron con el paso de los siglos.
Conectado al corazón cívico y religioso de Brixia
Lo que hace aún más especial a este teatro es su relación con el entorno. Estaba conectado directamente al Templo Capitolino mediante un pórtico conocido como el «aula dei pilastrini», dividido por dos filas de pilares con capiteles de estilo toscano. Esta unión entre el espacio del espectáculo y el espacio sagrado no era casual: el teatro era parte integral de la vida social, cívica y religiosa del ciudadano romano de Brixia.
Una larga historia de vida y abandono
El teatro tuvo una vida larga y accidentada. Un incendio en el siglo IV dañó severamente el complejo. En el siglo V, un terremoto destruyó completamente la escena y el muro que daba a la calle. Sin embargo, el recinto siguió siendo utilizado como lugar de reunión pública hasta el año 1173, una notable longevidad para cualquier edificio de la antigüedad.
Con el paso de los siglos, el teatro quedó progresivamente enterrado bajo construcciones medievales. Fue en el siglo XIX cuando comenzaron las excavaciones que lo rescataron del olvido. La única excepción fue el Palazzo Maggi Gambara, construido a partir de finales del siglo XIV sobre los restos de la platea del teatro, cuyas fundaciones romanas aún son visibles en el lado este.
Un sitio vivo: excavaciones en curso

La historia del teatro no ha terminado. En la actualidad, el sitio está siendo objeto de excavaciones arqueológicas dirigidas por la Soprintendenza Archeologia de Bergamo y Brescia, con una financiación de 1,5 millones de euros del Ministerio de Cultura italiano. Los arqueólogos están sacando a la luz el sector oriental y documentando fascinantes capas medievales: estructuras habitacionales, hogares, pavimentos y tumbas que ocuparon la antigua cavea tras el abandono romano.
Una visita al Teatro Romano de Brescia es, en definitiva, un viaje a través del tiempo: desde la grandeza de la Roma imperial hasta los siglos del Medievo, pasando por el redescubrimiento decimonónico y la ciencia arqueológica del presente. Un lugar que, piedra a piedra, sigue contando su historia.
Cuando por fin salí, con la cabeza llena de mosaicos y columnas, llevaba bastante más tiempo del previsto dentro. Al llegar al estacionamiento lo entendí todo de golpe: una multa muy bien colocada sobre el parabrisas. Brescia cobra caro el exceso de entusiasmo arqueológico. Si venís a visitar el área del Foro, calculad generosamente el tiempo —o buscad aparcamiento sin límite de horas. Yo ya lo sé para la próxima.




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