Era el verano de 2013. Ese día fui a  visirar algunos campos. En uno de ellos, caminando entre los rastrojos dorados del trigo recién cosechado, fui encontrando uno a uno  estos enormes fardos redondos, dispuestos aquí y allá como si alguien los hubiera colocado a propósito para completar el paisaje.

Me detuve, pensé que no hacía falta caminar más,  la belleza estaba justo ahí delante de mi,  en esa imagen sencilla y perfecta de los fardos de paja con los Colli Euganei como fondo.

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