Venecia es, probablemente, la ciudad más compleja del mundo para el reparto de mercancías. Sin calles para vehículos, sin camiones, sin furgonetas: todo lo que llega a la ciudad —desde un paquete de Amazon hasta los ingredientes de un restaurante, desde los muebles de un palacio hasta la correspondencia cotidiana— tiene que hacerlo por agua o a pie. Y entre las grandes empresas de logística internacional que han sabido adaptarse a esta realidad única, DHL es una de las más presentes en los canales y calli de la Serenísima.

El sistema de transporte de mercancías en Venecia funciona de una manera radicalmente diferente al del resto del mundo. Las entregas comienzan en tierra firme, en los grandes almacenes logísticos de Mestre o en el hub del Tronchetto —la gran isla artificial conectada a Venecia por el Puente de la Libertad—, donde los paquetes y mercancías son clasificados y cargados en barcazas (burchi o mototopi), las embarcaciones planas de carga que son el equivalente veneciano de los camiones de reparto. Estas barcazas navegan por el Canal Grande y por los canales secundarios de la ciudad, acercándose lo máximo posible al destino final.
Pero el agua no llega a todas partes. Una vez la barcaza atraca en el embarcadero más próximo, comienza la segunda fase del reparto: los repartidores descargan los paquetes y los transportan a pie o en carretillas de dos ruedas (carrelli) por las estrechas calli, subiendo y bajando los cientos de puentes que articulan la ciudad. No es raro ver a los repartidores de DHL maniobrar con soltura por callejones de menos de un metro de ancho, sorteando turistas y vecinos con la destreza que solo dan años de práctica en una ciudad como esta.
El Municipio de Venecia regula estrictamente el tráfico de barcazas de carga en los canales para preservar tanto el patrimonio arquitectónico —el oleaje constante erosiona los cimientos de los edificios— como la calidad de vida de los residentes. Existen franjas horarias reservadas para el reparto: generalmente por la mañana temprano, antes de que el tráfico de vaporetti y góndolas llene los canales, y con velocidades máximas estrictamente limitadas. Algunas zonas especialmente sensibles, como las inmediaciones de la Piazza San Marco o del Rialto, tienen restricciones adicionales de horario y tonelaje.
Ver una barcaza de DHL navegar por los canales de Venecia, con sus colores amarillos reflejados en el agua verde de la laguna y los paquetes perfectamente apilados bajo la cubierta, es una de esas imágenes que resumen perfectamente la paradoja veneciana: una ciudad que vive anclada en su belleza histórica pero que, al mismo tiempo, forma parte plenamente del mundo moderno y de su economía global. Porque en Venecia, incluso la logística se convierte en espectáculo.



