El arte del vidrio soplado de Murano tiene una historia de más de 700 años, y las flores son uno de sus motivos más icónicos y delicados. Estas esculturas florales, elaboradas a mano por maestros vidrieros llamados «maestri vetrai», se crean fundiendo varillas de vidrio coloreado a más de 900°C y moldeando cada pétalo con pinzas y herramientas especiales en apenas segundos, antes de que el material se enfríe.

Cada flor es única e irrepetible. Los colores vibrantes se obtienen añadiendo óxidos metálicos al vidrio fundido: el cobre para los rojos y verdes, el cobalto para los azules, el manganeso para los violetas. El resultado son composiciones que capturan la belleza efímera de las flores naturales y la transforman en algo eterno.

Estas fotografías las tomé en Murano en 2013, en uno de los talleres de la isla donde aún hoy se preserva esta tradición artesanal, declarada Patrimonio Cultural Inmaterial.




