En tiempos remotos, perdidos en las nieblas del tiempo, unos humildes pescadores surcaban las olas en las cercanías de Caorle, cuando avistaron algo extraordinario: una imagen de la Santísima Virgen flotando prodigiosamente en las aguas del mar.
Emocionados, los pescadores lanzaron sus redes y, con gran esfuerzo, la arrastraron hasta la orilla cercana al puerto del Ángel. La noticia corrió como el viento marino. Ciudadanos de toda la zona se reunieron, curiosos y ansiosos por honrar a la Virgen. Intentaron llevar la estatua al templo más próximo, pero ¡nada! Ni los brazos fuertes de los pescadores ni la voluntad colectiva de la multitud pudieron moverla ni un centímetro. Fue entonces cuando intervino el obispo. Con sabiduría y fe, confió la tarea a los niños del lugar. Esos pequeños, puros e inocentes, se acercaron sin temor. Para asombro de todos, levantaron la estatua con facilidad y la transportaron hasta la cercana iglesia del Ángel.
El milagro estaba consumado: la Virgen había elegido su morada y a sus portadores. Desde aquel día, se la venera en ese sagrado sitio con el título de Madonna dell’Angelo, protectora de los humildes y símbolo de cómo la pureza infantil puede mover lo imposible…





El 31 de enero de 1923, la imagen de la Virgen fue robada y completamente quemado. La nueva estatua fue esculpida por escultores de Val Gardena y bendecida el 19 de julio de ese mismo año en la Basílica de Nuestra Señora de la Salud en Venecia por el Patriarca Pietro La Fontaine. Más tarde, la nueva estatua fue transportada a Caorle a bordo de un barco cubierto con redes de pesca para conmemorar el prodigioso descubrimiento de los pescadores de Caorle.




